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Alt+Tab: Unheimlich virtual

Últimamente he dormido en el cuarto de mi hermana, cuya construcción es idéntica al del mío de soltera. No ha habido noche en la que no despierte en la madrugada con una intensa confusión de sentirme durmiendo en mi cuarto de niña y no estando allí. La confusión se acentúa si abro los ojos y la parafernalia colorida de mi hermana (más abundante y colorida que la mía si cabe) se me cierra encima lista para devorarme.

 

Llevo varios meses en los que si reviso mi historial en el navegador veo que he pasado del gmail idealistavivienda2 ivive intermitentemente y durante horas y horas. He visto cientos de casas, apartamentos, lofts, chalets, obra nueva, obra vieja, para reformar, recientemente reformadas…todo en el universo virtual de posibilidades inmobiliarias. He hecho tablas de Excel comparando precios, hipotecas, prestaciones, habitaciones…y sí, he visitado en persona algunas casas con tremenda decepción al encontrarme con que "para reformar" significa ‘tendrás que meterle al menos un 50% de su precio en reparaciones’, así que he decidido dejar las visitas ‘presenciales’ y seguir catando casas virtualmente.

 

He desarrollado un voyeurismo peligroso por entrar en los cuartos de los demás y por ver cómo ésta y la otra persona ha customizado la misma librería Billy del IKEA.

 

Por eso ha sido reconfortante encontrarme con Gothamberg, este proyecto artístico y literario fabricado por Gregory Chatonsky, Stuartbort, Jarlsberg, Roach, Warren, Vivian, Martin, Marek, Johanna, Christiane, y Chuck, un grupo de personas cuyas obsesiones sobre el espacio habitable van creciendo en espiral con su proyecto. Y es que a quién no consternan las peripecias que se viven en la casa, o la casa en sí: recordemos el famoso molde (rellenó una casa con cemento y derribó la casa, el molde) de Rachel Whiteread, ese lleno no habitable pero cargado de ideas que nos remiten a la clausura de vivencias. Whiteread representa el concepto del unheimlich con sus esculturas de no-hogares (la pieza se llama ‘Domestic’).

 

Esta expresión alemana intraducible es algo así como el opuesto de ‘hogareño’ o incluso de ‘hogar’ y se puede referir a un espacio con una cualidad antifamiliar que produce angustia por su extrañeza.

 

Gothamberg es una especie de vecindario de casas de Whiteread, es una ciudad de vacíos de casas, de contenidos de casas encadenados virtualmente. Lo que hace la obra más urbana que las de Whiteread (que son un prototipo de hogar-casa más a la antigua), es que se trata solamente de historias de edificios, estos panales de abejas que se conglomeran en las urbes y en donde la mayoría de nosotros vive.

 

Gothamberg es también similar al proyecto que desencadenó la novela House of Leaves de Mark Z. Danielewski, un rotar a lo cadáver exquisito de cuadernos por entre las manos y los bolis de diversos músicos, tatuadores, strippers y junkies que hicieron crecer cual bola de nieve la aterradora historia de una familia que se muda a una casa que resulta ser mayor por dentro que por fuera. Las peculiaridades de la insólita casa dan lugar a una serie de confusiones alucinogénicas sobre la vivencia en el espacio y la interacción con el miedo que nos produce no entenderlo por más que lo circulemos. Y bueno, cuando el espacio está misteriosamente vivo como en la novela la potencia de la amenaza es evidente. Las paredes de House of Leaves terminan engullendo a los personajes, al igual que las paredes de los apartamentos de Gothamberg engullen las historias de todas estas personas que se enganchan a la historia de otra persona para contar la propia.

 

Y es que no es solamente un sitio de lectura al clic, sino un sitio donde podemos vincular nuestro microrrelato ‘casero’ (en todos los sentidos) al de otra persona que haya tratado un tema similar, y así el que escribe puede teclear alguna palabra que le interese en mayúsculas y el sistema Gothamberg lo llevará a otros relatos donde se hable de esta palabra o de algo que se relacione con ella. La amistad en el vecindario crece.

 

Los relatos son ingeniosos, me gusta en particular en el que se habla de un penthouse de Manhattan que cuenta con telescopios en cada habitación. El narrador confiesa que ha pasado largas horas intentando ver con los telescopios lo que hace la gente de Manhattan en su casa, pensando encontrarse con tórridas pasiones y líos o hobbies curiosos. Termina diciendo ‘but all that people do, even in rich Manhattan apartments, is watch TV’.

 

En fin, demos las gracias a este sustituto de la caja tonta, esta pantalla plana de 640*480 y sus memorias y conexiones. Al menos aquí impera la voluntad y los territorios inexplorados (heimlich y unheimlich) están siempre a unos cuantos clics de distancia.

 

 

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