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El teatro, el crítico y el espectador: Las circunstancias

 

 

Stephan Lissner, reputado director artístico de diferentes teatros de ópera y actualmente director de la Scala de Milán, acaba de imprimir en el reverso de las entradas de dicho teatro lo siguiente: "Se agradece el traje oscuro en las primeras representaciones y siempre el traje y la corbata para los señores espectadores. Se recomienda, en cualquier caso, en todas las representaciones, una vestimenta acorde con el decoro del teatro". La polémica está servida y pasa por Dario Fó, el famoso Nobel teatral italiano, y llega a otro director, este de la orquesta del Concertgebow holandés, Ricardo Chailly, que comenta que falta poco para que los espectadores se presenten en calzoncillos. Para los que leyendo esta noticia se muestren escépticos, Carlo Fontana, anteriormente director del mismo teatro milanés, recuerda que hasta Lenin hizo la Revolución bolchevique y proletaria vestido de traje y corbata, al menos esas son las imágenes representadas por la pintura realista y socialista de la antigua URSS.

 

En esta situación se impone la duda metódica: ¿mejoran el traje, la corbata y el decoro en el vestir la percepción de una ópera, y por extensión, de cualquier espectáculo teatral? Si se observa con carácter científico, en un laboratorio, en condiciones normales y controladas, la respuesta es no. La percepción como trasunto de un frío laboratorio no se ve afectada por estos factores. ¿Y en la realidad? La realidad es tozuda y no suele dar la razón así como así al experimento científico de laboratorio. Hay muchos elementos, a veces miles, a tener en cuenta.

 

Si al poco de leer el artículo acudiesen a ver la estupenda obra La Cabra o ¿Quién es Silvia?, que a priori cumple con todos los requisitos para hacerle pasar a uno una buena velada teatral, se preguntarían qué ha pasado al notar una cierta incomodidad, como una china en un zapato que no les ha dejado disfrutar.

 

En estos casos, y a poco que a uno le interesase el teatro, lo primero por lo que se pregunta es por la obra. Ninguna duda, el texto de Edgar Albee es sabio pasando de la comedia de Noël Coward, como los protagonistas señalan acertadamente, a una tragedia que acaba como un acto primitivo y sacrificial. Hay mucho que decir de esa ofrenda final que hace la mujer al marido, un dios –arquitecto de éxito profesional y compañero- que la hace sufrir, y mucho, sometiéndola a algo que a ella le resulta tan imposible de comprender como de verbalizar, discutir; ni siquiera buscando consejo y apoyo en los otros: los amigos y los familiares.

 

Si el texto no es, serán los actores, a saber: José María Pou, Mercé Arànega y compañía funcionan. Es verdad que con más oficio que otra cosa, seguramente porque veo la segunda sesión del sábado a las diez y media de la noche, el primer fin de semana después del estreno en Madrid.

 

¿El montaje? Viene con el sello de producción del Teatre Romea de Barcelona y ha demostrado su eficacia teatral rodando antes por otros muchos escenarios españoles con éxito. Además, es tan sencillo: un salón de un típico terrace inglés con sus librerías y cuadros (se me ha olvidado decirles que la obra transcurre en el Londres de hoy mismo).

 

¿Las circunstancias? Analicémoslas. Durante la representación se oyen varios ruidos como si el vecino de arriba arrastrase sillas. De vez en cuando, se oye como un tren pasando cerca de allí. Ni uno ni otro ruido son frecuentes, pero es cierto que se oyen, y rompen el clima, distraen de lo que sucede en escena. Hay que dar por supuesto que esto no pasa en la Scala.

 

¿Y el público? El público es una circunstancia más. Sin llegar al decoro que solicita Lissner para la Scala, sí podemos decir que se trata de un público endomingado, mejor dicho, ensabadeado para salir el sábado por la noche. Un ojo poco avisado podría decir que variopinto, pero en las formas y en la vestimenta más uniforme de lo que podría preverse. Público de primer fin de semana de estreno, en la onda para saber cuál es la obra que hay que ver. Un público que asiste a algo sagrado: la obra ya ha sido santificada con los premios BCN de teatro 2006 al mejor montaje y al mejor actor, y José María Pou ha recibido el Premio Nacional de Teatro, también en 2006.

 

En una obra en que la irónica comedia noëlcowardiana se va desactivando para ir dejando paso a la tragedia, quizás griega, y al sacrificio, un espectador que mira aquello con reverencia, una reverencia basada en la información de las guías del ocio para el fin de semana, que no se acerca inocentemente al espectáculo, sólo está alerta para la revelación, que, por supuesto, no obtiene. Es un público que bosteza sonoramente, y es que tiene que hacernos saber que es muy cansado mantener esa actitud durante tanto tiempo. Es un público que necesita aflojarse el cinturón o, como vi hacer a los jóvenes que tenía delante, los cordones de las zapatillas. Es un público al que le suena el móvil durante una escena y se agobia tardando en encontrarlo para apagarlo. Es un público que, en definitiva, no se divierte y no deja que se divierta el respetable, me refiero al respetable y decoroso público.

 

Porque creo que Lissner tiene razón, no tanto por las formas, ni porque un día, de seguir así, se presente alguien en calzoncillos o en bragas en la Scala. Sino por lo que indica: una predisposición, un prepararse para dejarse llevar por la propuesta en escena, para ser arrastrado, zarandeado, vapuleado, gritado, tirado al aire por los actores en el escenario, y también, para resistirse a todo ello y no quedarse en un mero ocupante de un asiento que permita al teatro poner el cartel de que no hay entradas y en vez de espectador, convertirse en una mera recaudación. Hay que desengañarse, para ir al teatro, como para muchas otras cosas en la vida, hay que molestarse. Incluso hay que salir molesto. Si no, hay que hacer mutis por el foro, es más decoroso.

 

Enlaces relacionados:

 

 

De oscuro, con corbata y con cierto decoro. Artículo de Enric González publicado en El País (27/01/2007)

 

Teatro de la Scala de Milán (en italiano y en inglés)

 

Página Web Oficial de José María Pou (en español, incluye información sobre al obra y Albee)

 

 

 

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