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Heroica coquinaria: La feria de San Isidro

El milagro se ha producido un año más, veintiocho festejos consecutivos con la plaza hasta la bandera, en una Feria en la que están vetados los toreros “salsa rosa” (Jesulín, Rivera Ordóñez) y en que las ganaderías (escogidas) presentan sus más cruentas alimañas. Ello habla muy bien de Choperita, el actual empresario, que está sabiendo mantener el alto nivel que dejaron los Lozano.

 

Seleccionar toros y toreros fue arte supremo, en el que a veces las intuiciones jugaron algún papel. La mejor ganadería de la Feria, la de Victoriano del Río, tenía pocas papeletas para venir por sus malos antecedentes y sin embargo en la cuarta de abono dio la sorpresa, procurando tarde triunfal a César Jiménez. A partir de aquí el listón quedó muy alto para toros y toreros, y ciertamente no se superó. La semana del toro fue muy decepcionante, Aguirre, Cuadri, Palha y los hermanos Martín no fueron capaces de presentar más que toros con cuajo y buena presencia, pero con poca casta y de casi imposible juego, en la que sólo el titán actual del toreo, El Cid, fue capaz de obtener un trofeo. Previamente ya había salido a hombros en la de Alcurrucén, demostrando que es hoy en día el número uno indiscutible.

 

Pero la Feria ha deparado otras alegrías y decepciones. En este último capítulo sufrimos el enésimo petardazo de Finito, quién sabe por qué vuelve una y otra vez a la Feria. El ocaso de Rincón y Esplá sí que pone triste a la plaza, pues se les respeta hasta la reverencia pero parece difícil que sólo con su oficio salgan adelante. Capítulo aparte fue el numerito de Padilla, el jerezano, vestido de forma estrafalaria y con una excitación inusual, se enfrentó al público, al que hizo gestos “martinezpujaltescos” de despedida, con evidente afán de burla. Fuera de cacho y depresivo se mostró Morante, al que sólo queda ya ser el mejor artista del escalafón. Más controvertido es el asunto del Fandi, torero triunfador allá donde va, pero que en Madrid ha de escudarse en sus malabarismos con los rehiletes, admirables, pero que no justifican su poca maña con la muleta.

 

En el capítulo de alegrías, aparte de las citadas, cabe destacar al novillero Alejandro Talavante que estuvo soberbio con los buenísimos novillos del Ventorrillo. Él, junto con Cayetano, son las únicas figuras en ciernes. Castellá y Serafín Marín demostraron que son una realidad que, aunque un paso por detrás del Cid, está dando lustre a la tauromaquia. Encabo se intenta enganchar a su tren y está cerca de conseguirlo. Finalmente hay que destacar con letras de oro la actuación de Pablo Hermoso de Mendoza, caballero que ennoblece el arte del rejoneo a la vez que aporta una estética casi de otros tiempos. La presencia de la familia Real en varios festejos, contribuyó a esta pátina romántica tan del gusto de los taurinos, por no hablar del vibrante minuto de silencio el día que falleció “la más grande” y mujer de torero.

Una vez acabada la Feria hubo cinco eventos más, conmemorativos del 75 aniversario de Las Ventas, de nuevo todos con lleno pese a ser transmitidos por Telemadrid. Cabe aquí comentar el pésimo estilo de estas corridas televisadas, debido al mal hacer de Miguel Ángel Moncholi, que imbuido del espíritu de la telebasura abruma al espectador con comentarios chabacanos y torpes, entrevistas a famosos y cháchara enloquecedora con expertos. Uno de ellos, el muy respetado torero Joaquín Bernardó, se mete en berenjenales innecesarios, tratando de explicar el problema de la flojera de los toros por la “existencia de un caracolillo en la charca de la finca que se pega al hígado del toro y lo debilita”.

 

Pero el éxito de la Feria y el 75 aniversario, 33 llenos consecutivos, no debe llevarnos a engaño. Fuera de aquí, y con la excepción de la miniferia de otoño, la plaza no llega nunca a un cuarto de entrada, incluido el centenar de turistas japoneses que se sale en el segundo o tercer toro. Parece manifiesto que la Fiesta no ha calado entre los jóvenes y esto es muy grave. Parte de la solución puede estar en mejorar las transmisiones televisivas, pero la fórmula por la que ha optado Telemadrid puede ser hasta contraproducente. Mejores formas se adivinan en otras televisiones autónomas (Valencia, La Mancha, Andalucía) en un terreno del que huyen las privadas por motivos económicos y la estatal por motivos políticos. Veo el futuro de color ala de mosca.

 

 

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